Raquel Godos y Jorge Ocaña
Los atentados del 11M, que el 11 de marzo de 2004 causaron 192 muertos y alrededor de 2.000 heridos en una serie de ataques terroristas en cuatro trenes de Cercanías de Madrid, fue objeto de desinformación constante desde el inicio mismo de las investigaciones, adjudicando la autoría a la banda terrorista ETA.
Cuando se cumple el vigésimo aniversario de los hechos, y pese a la sentencia judicial que condenó a varios miembros de células yihadistas, el trágico episodio todavía es protagonista de diferentes teorías conspirativas.
Los atentados, cometidos tres días antes de las elecciones generales de aquel año, son todavía punto de partida de falsedades que circulan por las redes sociales, esta vez centradas en su mayoría en los presuntos intereses de Francia y Alemania por influir en la geopolítica mundial de la mano de Marruecos, y las supuestas conspiraciones del PSOE por lograr la victoria en los comicios (1, 2, 3).
¿Tuvo ETA alguna implicación en el atentado?
España llevaba décadas sufriendo los ataques de ETA, por lo que en un primer momento se atribuyó de forma generalizada y desde todo el espectro político la responsabilidad de la matanza a esta banda terrorista.
Sin embargo, cuando las investigaciones comenzaron a apuntar hacia la posibilidad de que hubiera sido ejecutada por el terrorismo yihadista, se creó todo un relato institucional sobre la implicación de la organización vasca en los atentados cuyo impacto perdura en la actualidad.
Un par de horas después de los ataques, el Gobierno informó a la opinión pública de que el explosivo utilizado por los terroristas había sido titadine, un compuesto utilizado históricamente por ETA para llevar a cabo sus atentados.
Sin embargo, los análisis posteriores, como refleja la sentencia, concluyeron que se había tratado de goma 2 ECO, obtenido por los yihadistas en un yacimiento de Asturias, Mina Conchita. El componente detonador de las bombas fue uno de los principales objetos de desinformación todavía mucho tiempo después.
A los bulos difundidos sobre el contenido de los explosivos, le sucedieron otros muchos que buscaban que la responsabilidad de los atentados tuviese algún tipo de vinculación con ETA, aunque en las investigaciones nunca se halló ninguna prueba de ello, como se puede comprobar en la sentencia del caso.
De hecho, el mismo 11 de marzo el ataque fue reivindicado por las Brigadas Abu Hafs al Masri, vinculadas a Al Qaeda, algo que reiteraron en posteriores comunicaciones, mientras que al día siguiente un enlace de ETA señaló que la banda no tenía «ninguna responsabilidad sobre los atentados» en una llamada al diario Gara, periódico a través del que solía reivindicar los ataques de su autoría.
¿Una conspiración del eje franco-alemán?
En los últimos años las teorías de la conspiración en torno a los atentados de Madrid han convergido en busca de nuevos culpables e implicados.
Así, algunos internautas han apuntado a una supuesta alianza franco-alemana que, con los atentados, habría tratado de frenar el ascenso de España en el tablero internacional y que Berlín y París no perdieran su hegemonía en Europa.
Uno de los voceros más conocidos de esta teoría ha sido el excomisario José Manuel Villarejo, quien en 2019 denunció estos presuntos hechos ante la Justicia, atribuyendo la matanza a la colaboración de los servicios de inteligencia franceses y marroquíes y asegurando que parte de los explosivos salieron de «depósitos de armas de la Guardia Civil».
La sentencia sobre el caso emitida el 31 de octubre de 2007, pormenoriza cómo se obtuvieron y trasladaron los explosivos de la citada mina a Madrid, así como los individuos que participaron en esos hechos, sin mencionar como origen de los artefactos una entrega controlada de la Guardia Civil, pese a las afirmaciones de Villarejo, quien no aporta prueba alguna de esta teoría.
Tanto la Audiencia Nacional como la Fiscalía rechazaron reabrir el caso aludiendo a la falta de “verosimilitud” en el relato del excomisario, a quien según expusieron fuentes fiscales a EFE, se le hicieron «múltiples preguntas» para precisar sus manifestaciones al constatar que adolecían de «falta de claridad, precisión y verosimilitud», pero la teoría corrió como la pólvora por las redes sociales, donde de vez en cuando resurge con distintos matices.
Recientemente, el propio Villarejo desempolvó esas conjeturas en una entrevista en un vídeo pódcast en la que también apuntó a la colaboración de los servicios secretos de Marruecos en los ataques, una versión que ya fue desmentida por EFE Verifica.
El hecho de que las teorías de la conspiración tengan una alta capacidad de persuasión a pesar de las pruebas existentes en su contra se debe en gran parte a que se benefician de un «razonamiento circular», según describe la Enciclopedia de Filosofía de la Universidad de Stanford (Estados Unidos).
Ese tipo de argumentación lleva a que «la evidencia en contra de la conspiración se interprete como evidencia a favor de la misma», es decir, si la prueba niega la teoría de la conspiración es porque es parte de la conspiración.
«Cuando las personas se convencen de que la ‘versión oficial’ solo puede ser falsa, cualquier prueba que parezca corroborarla tiene que ser necesariamente ficticia», coincide en declaraciones a EFE Verifica Alejandro Romero, profesor de Sociología de la Universidad de Granada.
Supuestas aspiraciones de Rabat
Según manifestó Villarejo, la implicación de Rabat habría tenido como fin que el entonces candidato de los socialistas, José Luis Rodríguez Zapatero, llegase a la Moncloa ante la negativa del presidente del Gobierno saliente, José María Aznar, del PP, de “entregar territorios españoles en el norte de África a Marruecos”, como Ceuta, Melilla y la isla de Perejil, y por su posición contraria al reconocimiento de la soberanía del país norteafricano sobre el Sáhara Occidental.
Asimismo, aseguró que el Elíseo veía con buenos ojos un hipotético Gobierno de Zapatero por las aspiraciones que Francia tenía en el norte de África, por lo que habría terminado aliándose con Marruecos para perpetrar los atentados.
Aquellos que en redes sociales se hacen eco de las palabras de Villarejo apuntan a que los socialistas sabían del atentando con el que esperaban lograr la victoria en las elecciones de ese domingo. “El atentado fue una variante de fraude electoral”, asegura un internauta.
La sentencia del caso no hace referencia alguna de la relación de estos países con el ataque, y, pese a que no existe prueba alguna de esa implicación y de que los mismos respondieran a intereses electorales, la teoría sigue viva a día de hoy en internet.
Respecto a este tipo de afirmaciones, Romero insiste en que «el hecho de que pueda haber muchas pruebas solo indica para quien cree en la teoría conspirativa las molestias que se han tomado los conspiradores y sus cómplices en los medios de comunicación y las instituciones en cubrir sus huellas condenando a falsos culpables. Y el hecho de que no haya pruebas a favor de la teoría conspirativa solo demuestra, a su juicio, lo eficaz que ha sido esa presunta labor de encubrimiento».
Fuentes:
Hechos probados de la sentencia de la Audiencia Nacional sobre los atentados del 11 de marzo de 2004.
Entradas de la Enciclopedia de Filosofía de la Universidad de Stanford sobre la sobre la demarcación entre ciencia y pseudociencia y las falacias.
Alejandro Romero, profesor en el departamento de Sociología de la Universidad de Granada.
Informaciones de EFE.


