
Raúl Martín Lorenzo y Raquel Godos
EFE Madrid |
El estado de salud del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha saltado al debate público después de que esta semana se hayan viralizado afirmaciones en redes sociales que aseguraban que el mandatario sufre una cardiopatía, un extremo que Sánchez ha desmentido y ha calificado de “bulo” tras meses de especulaciones sobre su deterioro físico, una práctica que allana el terreno para la desinformación, como ya le ha ocurrido a otros líderes políticos.
La controversia ha pasado del ámbito digital al institucional en apenas unos días, en la que se han involucrado desde medios de comunicación hasta al Gobierno y la oposición.
Una cardiopatía que Sánchez desmiente
Este lunes el diario Libertad Digital publicó que el presidente estaba siendo tratado «en secreto» de una dolencia cardiovascular desde hacía meses en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid, mencionando incluso la realización de un TAC y citando «fuentes de toda solvencia«, pero sin presentar ninguna otra prueba adicional como los citados exámenes médicos.
El mismo día de la publicación, la Secretaría de Estado de Comunicación desmintió la información según el diario El Plural, calificándola de falsa. «Obviamente, no. De hecho lo desmiento«, fue la respuesta ante la consulta sobre la veracidad de la patología cardíaca.
Sin embargo, dos días después, el 25 de febrero, el debate se trasladó a la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados. La diputada del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, pidió al ministro de la Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, la desclasificación del historial médico del presidente.
«¿Tiene el presidente del Gobierno un problema de salud? ¿Presumen de transparencia? Desclasifiquen su historial médico«, reclamó la diputada, comparando la petición con la desclasificación de documentos del 23-F, informó la Agencia EFE.
Álvarez de Toledo defendió posteriormente en una entrevista en Telecinco que el desmentido de la Moncloa carecía de «pruebas» y que, siguiendo modelos como el de Estados Unidos donde se publica un informe médico anual del presidente, los ciudadanos deben conocer si su líder posee las «aptitudes físicas y psicológicas» necesarias.
Ante esta situación, Pedro Sánchez decidió desmentir la presunta dolencia personalmente en sus redes sociales. «No padezco ninguna enfermedad cardiovascular«, aseguró el presidente, quien calificó “de bulo de la derecha” dichas afirmaciones.
Sánchez añadió que, de padecerla, «no habría ningún problema«, reivindicando la normalidad de millones de personas con patologías crónicas que son atendidas por los servicios públicos de salud.
“La máquina del fango funciona siempre igual: lanzan el bulo desde un pseudomedio, sus diputados lo amplifican y sus tertulianos enfangan la conversación pública”, agregó.
Especulaciones tras un visible deterioro
El origen de la narrativa sobre el deterioro de la salud de Sánchez se sitúa en redes sociales, donde en torno a mediados de 2025 algunos usuarios empezaron a compartir comparativas fotográficas del presidente, subrayando un notorio «aspecto desmejorado» y una pérdida de peso en comparación con el inicio de su mandato.

Ante este clima, en julio de 2025, la vicepresidenta María Jesús Montero intervino públicamente para atribuir la delgadez de Sánchez a la exigencia de su cargo, asegurando que se debía a que está «al pie del cañón empujando a España«, reportaron medios como 20minutos (1).
Las especulaciones aumentaron después de que el tuitero Vito Quiles, investigado por delitos de injurias y calumnias, le preguntase al propio presidente sobre su estado físico (1) y la presentadora Ana Rosa Quintana comentase en su programa de Telecinco que el presidente no tenía «muy buen aspecto» o que se le veía «fuera de la realidad» (2), a finales de 2025.
Arma arrojadiza y desinformación
El uso de la salud como herramienta de desgaste político no es un fenómeno nuevo, de hecho esta especulación sobre la aptitud física de los líderes ha sido un arma política recurrente para generar inestabilidad, y ha servido como caldo de cultivo para alimentar teorías desinformadoras.
Este fenómeno afectó también a Angela Merkel, a quien en 2019 unos temblores públicos de la entonces canciller alemana desataron una oleada de especulaciones sobre posibles enfermedades neurológicas como el párkinson, a pesar de que asegurase encontrarse bien y atribuyese estos temblores a un supuesto problema de deshidratación, informó EFE Salud.
Aquellos temblores visibles para todo el mundo derivaron en teorías conspirativas como la supuesta adicción a las drogas o a ciertos medicamentos por parte de la excanciller alemana.
El expresidente de EE. UU. Joe Biden, quien sufrió verdaderos lapsus en actos públicos, también fue objeto de narrativas desinformadoras en las que se manipularon imágenes o le adjudicaron actitudes erráticas que en realidad no cometió para poner en duda su idoneidad en el cargo.
De hecho, el actual presidente estadounidense, Donald Trump, también ha sido objeto de mensajes engañosos sobre su salud después de que se observaran ciertos moratones en sus manos, sufriera lapsus en público o pudiera apreciarse en él un estado de cierta somnolencia. Ante esta situación, la Casa Blanca emitió un comunicado en el que detallaba un exhaustivo chequeo médico y el diagnóstico de una insuficiencia venosa crónica, común en personas de su edad, tal y como informó EFE.
Aquel diagnóstico llegó a derivar en la difusión de contenidos falsos que aseguraban que el magnate sufría una enfermedad mortal, algo desmentido en esa ocasión por EFE Verifica, o mensajes falsos que aseguraban que no podía caminar o que sufría demencia.
Fuentes:
Informaciones de la Agencia EFE. (1, 2)
Informaciones de EFE Salud. (1, 2)
Cuenta oficial de Pedro Sánchez en X.
Diario 20minutos. (1)



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