¿Qué verificamos?

Las intensas lluvias y borrascas registradas en España contradicen la existencia del calentamiento global o desmienten el cambio climático.

Conclusión

Es falso. De hecho, las intensas lluvias están relacionadas con el calentamiento global, ya que, debido a cambios en la atmósfera, las precipitaciones que normalmente se ubican en latitudes más altas en esta época se han desplazado más al sur.

EFE Madrid |

Las intensas lluvias y el carrusel de borrascas que han afectado a la Península Ibérica en las últimas semanas no contradicen la existencia del calentamiento global, como sugieren algunos mensajes en redes sociales, de hecho, pueden estar relacionados con una atmósfera más cálida y energética, según expertos consultados por EFE.

En lo que va de año, un carrusel de borrascas de alto impacto ha afectado a la Península Ibérica. Solo entre el 1 de enero y el 9 de febrero ha llovido una media de 200 litros por metro cuadrado, 2,5 veces más que el promedio habitual para ese periodo, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

Mensajes en redes sociales dan a entender que estos episodios de precipitaciones abundantes niegan la existencia del cambio climático, que supuestamente agrava los episodios de sequía.

«Grazalema, provincia de Cádiz. Guardad para cuando nos hablen de sequía y cambio climático», apunta un usuario en redes sociales, junto a imágenes de las lluvias en esta ciudad.

El calentamiento no siempre implica menos lluvia

Las abundantes lluvias registradas en la Península en estas últimas semanas no contradicen el cambio climático; de hecho, su intensidad está relacionada con el fenómeno, ya que, debido a cambios en la atmósfera, las precipitaciones que normalmente se ubican en latitudes más altas en esta época se han desplazado más al sur. Además, las altas temperaturas del océano han provocado que esas masas de humedad que llegan sean mayores.

El geógrafo y climatólogo Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante, explica a EFEVerde que el calentamiento global «altera el balance energético» del planeta y obliga a la atmósfera a redistribuir masas de aire con mayor frecuencia e intensidad.

Además del aumento general de energía en la atmósfera, en este episodio ha influido que el vórtice polar u oscilación del Ártico haya descendido más al sur de lo habitual.

Olcina explica que, si normalmente circula por latitudes del Reino Unido o Francia, en esta ocasión se ha desplazado hacia los 40 o 35 grados, generando ‘un pasillo‘ que apunta directamente a la Península, por el que se ha encadenado un carrusel de borrascas muy activo.

A ello se suma la mayor presencia de vapor de agua en la atmósfera y en la generación de los llamados ríos atmosféricos, un fenómeno nada frecuente anteriormente y provocado por el cambio climático.

Estos ríos atmosféricos se han conectado con este ‘túnel de borrascas’ y han inyectado grandes cantidades de humedad desde la zona subtropical del Caribe — donde el agua sigue a temperatura elevada en esta época del año — a la zona de la península y el norte de África.

«Por eso algunas han llevado tanta agua, sobre todo al sur peninsular, donde el pasillo ha estado muy activo», señala Olcina.

Imagen del contenido total de vapor de agua precipitable (TPW) en el Atlántico Norte (11/02/2026, 12:00 UTC).
Fuente: Instituto Cooperativo para Estudios de Satélites Meteorológicos (CIMSS), Universidad de Wisconsin-Madison.

No menos fenómenos, pero sí más extremos

La meteoróloga Andrea Danta, de Meteored, subraya que las borrascas invernales siempre han existido, pero el cambio climático favorece que las precipitaciones sean más intensas.

«Siempre han ocurrido, pero que ocurran de manera tan persistente no es frecuente. El cambio climático no causa las borrascas, pero sí las intensifica y hace que haya cada vez fenómenos más extremos», ha añadido la meteoróloga.

En este sentido, Olcina ha aseverado que en una atmósfera que no deja de calentarse, «esos fenómenos extremos serán cada vez más frecuentes y se manifestarán en otoño con las danas, en invierno con borrascas enérgicas y en verano con olas de calor«, y ha urgido a preparar a la población para hacer frente a este cambio de escenario.

Cada año que pasa, ese desajuste es mayor y con ello debería serlo la preocupación social. «Hay que obviar ya a toda esta gente que está negando un hecho científico comprobado absolutamente con datos», ha afirmado el experto.

En definitiva, las intensas precipitaciones y las borrascas no contradicen el cambio climático, sino que, según los expertos consultados, guardan una relación directa con una atmósfera más cálida y energética, capaz de generar fenómenos más intensos y persistentes.

Fuentes:

Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante.

Andrea Danta, meteoróloga de Meteored.

Datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

Informaciones de EFEVerde.